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lunes, 17 de diciembre de 2018

EN SILENCIO













En silencio me recojo de la tempestad que en mi universo se desata, truenos y relámpagos plagando  de furioso fuego un cielo que hostil se torna.

 Flamas que enaltecen los ánimos, furias adormecidas que pugnan por salir de las profundidades de la guarida en las que se mantienen ocultas de la luz del día. 

En silencio, con la piel ardiendo por el fuego que presiente quiero mantener la calma, me recojo y me pliego como un libro roto que se quedó sin páginas. 

En silencio, atormentada sin encontrar la salida por la que escapar de la tormenta anunciada, busco respuestas en el mismo aire que mi boca exhala. 

¿Dónde queda la luz? ¿dónde está el punto de partida? ¿dónde se esconde la línea que dibuja el horizonte? ¿dónde se pierde la voz que el silencio rompe? ¿dónde se oculta el sentido de todo cuando el alma queda vacía? 

Infranqueable muralla queda en la lejanía sin posibilidad de ser derruida. Se alza el grito en la madrugada como anuncio de la negrura del día. Juntos se desatan todos los demonios que despiertan y alteran la noche con el estruendo de su rugido.

 En silencio me recojo presagiando vendavales devastadores, vientos que descargan silbidos violentos disolviéndose el grito en su eco como presagio de la tormenta que en la noche se prepara para estallar en cualquier momento.









Imagen de la red










sábado, 15 de diciembre de 2018

HIERVE EL HIELO











Hierve el hielo y se aviva el fuego

 cuando te acercas,

 cuando la voz del alma clama 

y en mi pecho se instala.

 Cuando en silencio te apoderas de mis sueños, 

cuando tu piel me llama.  

Infiernos y cielos arden juntos

 en la misma hoguera de nuestros deseos.

 Ardientes brasas inextinguibles

 cruzan el universo propagando sus llamas.

 Noches nuevas de obsoletos recuerdos

 se anteponen a la nostalgia que el tiempo preña de añoranza.  










Imagen de la red











miércoles, 5 de diciembre de 2018

SECUESTRADA POR LA NOCHE












Secuestrada por la noche me detengo un instante para alcanzar el leve pensamiento que en el silencio florece. El sopor se apodera de la voluntad y los sentidos ceden ante el efecto narcotizante que la noche tiene. 

Secuestrada por los sonidos que de la nada aparecen, insignificantes e imperceptibles en las horas de mayor actividad durante el día. Se agudizan lo sentidos, especialmente el oído, en el silencio que las sombras nocturnas tejen. Pasos que de la calle proceden, suspiros de alivio, gemidos que se perciben tras las finas paredes de las habitaciones. Los más leves sonidos cobran vida en medio de la noche, un chasquido, el crepitar del suelo bajo unos pies que sigilosos entran en escena.

 Se cierne la noche sobre las ciudades, la luz solar lentamente desparece, hora crepuscular en la que el astro Rey su turno abandona y el testigo cede a la misteriosa dama de la noche para que ocupe su lugar en el firmamento.

 Secuestrada por el hechizo de las luces estelares la magia se desata, la imaginación viaja, el ensueño avanza iluminando la proyección que de otros mundos inunda la madrugada.

 Embriagada por la magia del ensueño, se resiste el cuerpo a salir de su estado de plácida calma, el alma, acallada y serena se acurruca mecida por el compás del corazón, una sonrisa de agradecimiento aflora al exterior al despuntar el día con los primeros rayos que dibuja el sol.

 Agradecen el cuerpo y el alma las historias vividas durante la ensoñación, agradecimiento infinito de un nuevo despertar, al desperezarse y tomar conciencia plena de la vida, agradecimiento por la oportunidad, un día más, de avanzar con un nuevo regalo de vida.






Fotografía tomada por mí