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martes, 16 de agosto de 2016

APRENDIZAJE

















Creía que ya no había más contenido, que a base de tanto llanto mis cuencas habían quedado secas y vacías, pero me equivoqué de nuevo porque las lágrimas no se acaban nunca por más que los lagrimales se resequen.
No era consciente del daño que me estaba haciendo negándome al llano. Todo lo que se reprime al final resulta nefasto para la salud, tanto física como mental. Es como querer contener las aguas de un dique cuando ya ha rebasado su capacidad...se desborda y las consecuencias son devastadoras.
 Me costó años aprender que el llanto es una forma de expresión, de liberar emociones, tanto de dolor como de alegría, así como lo es la risa que siempre gusta más, a pesar de que a veces sea engañosa. Pero no, yo no quería mostrar a nadie mi parte débil, entendía el llanto como una forma de poner al descubierto mi sufrimiento y mi dolor por todos los golpetazos que había recibido. No, no era cuestión de hacer público y  evidente mi lado frágil, mi lado sensible y humano. Tampoco me di cuenta que mi piel no era tal, sino una gran masa maciza y dura, que había ido recubriendo mi cuerpo a modo de coraza, sí, mi piel se convirtió en un enorme y enquistado callo protector ante los golpes que pudiera seguir recibiendo; eso me convirtió en el mejor de los púgiles al que nunca vencían. Me acostumbré a no mostrar mi verdadero dolor, soportaba cada gancho de pie, imbatible para el adversario, pero vencida por el cansancio y el agotamiento de tantos años reprimiendo emociones, de tantos años queriéndome mostrar ante el enemigo con una fortaleza que se debilitó ante el esfuerzo diario de tanta represión.
Fue entonces cuando me encontré, mejor dicho, cuando empecé a bucear en mi interior y quise saber qué, cómo y quién soy. Para mi sorpresa descubrí que soy una mujer, ante todo persona, con una sensibilidad siempre a flor de piel dispuesta a vivir con todo lo que ello comporta, porque la vida está compuesta de muchas subidas y bajadas, como una carretera serpenteante en continuo zig-zag y no sigue una línea recta, en ella hay momentos en los que se hace tan necesario llorar como reír. El llanto no solo sirve para expresar dolor sino también alegría porque ¿ a quién no se le han saltado las lágrimas en momentos alegres o ante un acontecimiento feliz como por ejemplo el nacimiento de un hijo?
Aprendí a dejar atrás resentimientos, sufrimientos ya añejos en los que no era bueno seguir haciendo hincapié. Aprendí a aceptarme como soy y aprender de mis errores así como a aceptarme humana con mis defectos y virtudes, como ser imperfecto que conlleva esa condición. Aprendí que tengo múltiples capacidades y a hacer buen uso de ellas. Aprendí a amarme a mí y darme mejor a los demás. Aprendí que no hay edad para el amor y que éste tiene mil formas. Aprendiendo sigo todavía porque aún me queda camino por recorrer y mientras siga en este mundo, sin duda, la vida no dejará de ponerme a prueba y en cada experiencia habrá siempre un nuevo aprendizaje. El mayor de todos es poder ver siempre el lado bueno de las cosas...toda moneda tiene dos caras, no me quedaré con la peor. He aprendido a dar gracias a la vida porque las experiencias vividas han hecho de mi lo que soy.








Imagen de la red


2 comentarios:

  1. Así es Mi querida Marina, todo paso tiene su aprendizaje y siempre hay un anverso y un reverso, quedémonos siempre con él mejor, por qué hasta de la más terrible experiencia sale algo bueno, incluso hermoso siempre. Sorpresas a veces nos encontramos... Cuídate mucho y disfruta... mi niña!!!

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  2. Cierto mi querida amiga, incluso de las peores experiencias hay siempre un lado bueno, aunque en un principio no sepamos apreciarlo. Besos y abrazos y gracias por tu visita a este humilde espacio!!!

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